Mal.
Ayer, sin mayor orgullo, he vuelto a la vida que comúnmente llamaría "la vida de una borderline". Me he preguntado tal vez demasiadas veces cómo es posible que aún no logre vaciarme por completo de eso, sin respuesta. Es como querer sacar el monstruo, la basura, los restos de algo que muy a mi pesar, sigue siendo parte de mí, sigo siendo yo en cada una de esas actitudes, en cada reacción, en cada herida.
Me he vuelto a quedar dormida sin saber por qué estoy viva. Sé cosas superficiales, sé que tengo que estudiar, que quiero terminar mi carrera, que sin duda hay gente a la que quiero... pero por dentro es como si ninguna de esas cosas valieran ni la mitad. Como si no hubiera más espacio dentro de mí para eso, porque todo está ocupado con ataques de ansiedad, taquicardias repentinas, sentimientos de angustia, lloriqueos por nada, ira por todo y sobre todo muchas, muchas ganas de liberar esa energía acumulada a través de los benéficos cortes en mi muñeca.
Lo peor está en la actitud que siempre toma mi alrededor cuando vuelvo a encontrarme en esta etapa de necesidades no satisfechas, de tristeza incontrolable. A nadie le parece más que una falta de interés en estar mejor, una niñería. Ojalá nunca les pasara, hijos de puta. Qué frustración más grande es la que uno tiene que soportar. Encima de escuchar tu mente jugando a joderte, tener que escuchar gente que se las sabe todas, que jamás sintió deseos de vomitarse a sí mismo, de desperdiciarse en un torrente de sangre a ver si conseguía obtener el oxígeno que le faltaba. Una mierda con todas sus letras.
No son buenos días, y puta que jode que tomen esa actitud de mierda que solo vuelve a hacerme sentir peor, que tengo que controlar para que no se vuelva suicida, que se traspasa como si mi piel fuera de papel y absorbiese cada insulto, para luego ser estrujada bajo una cuchilla y botar el hastío que me provocan.
Qué mierda es todo esto y qué mierda me vuelvo de repente.
Me he vuelto a quedar dormida sin saber por qué estoy viva. Sé cosas superficiales, sé que tengo que estudiar, que quiero terminar mi carrera, que sin duda hay gente a la que quiero... pero por dentro es como si ninguna de esas cosas valieran ni la mitad. Como si no hubiera más espacio dentro de mí para eso, porque todo está ocupado con ataques de ansiedad, taquicardias repentinas, sentimientos de angustia, lloriqueos por nada, ira por todo y sobre todo muchas, muchas ganas de liberar esa energía acumulada a través de los benéficos cortes en mi muñeca.
Lo peor está en la actitud que siempre toma mi alrededor cuando vuelvo a encontrarme en esta etapa de necesidades no satisfechas, de tristeza incontrolable. A nadie le parece más que una falta de interés en estar mejor, una niñería. Ojalá nunca les pasara, hijos de puta. Qué frustración más grande es la que uno tiene que soportar. Encima de escuchar tu mente jugando a joderte, tener que escuchar gente que se las sabe todas, que jamás sintió deseos de vomitarse a sí mismo, de desperdiciarse en un torrente de sangre a ver si conseguía obtener el oxígeno que le faltaba. Una mierda con todas sus letras.
No son buenos días, y puta que jode que tomen esa actitud de mierda que solo vuelve a hacerme sentir peor, que tengo que controlar para que no se vuelva suicida, que se traspasa como si mi piel fuera de papel y absorbiese cada insulto, para luego ser estrujada bajo una cuchilla y botar el hastío que me provocan.
Qué mierda es todo esto y qué mierda me vuelvo de repente.
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