Aranjuez.


Los recuerdos a veces llegan a mí como pájaros perdidos. Chocan con mi ahora. Dan vuelta todo, y sé que estaban esperando por ser rescatados. Porque en algún momento de esa experiencia, en su presente, pensé que debía recordarlo.

Hoy he recordado que mi viejo, por más que no esté física o psicológicamente conmigo desde hace mucho tiempo, me regaló un día un CD de Joaquín Rodrigo. El concierto de Aranjuez. Lo más bonito que pudo haber pasado en mi infancia, y que dentro de tantos recuerdos fríos y sin sabor, hoy día alumbró en mí. Y me dejó el mar de lágrimas después.

Cuando era muy muy chica, obtuve el disco. Cuando estos eran una maravilla tecnológica inmensa. Cuando me regaló una guitarra clásica Tizona, que el tiempo se encargó de destruir. Cuando aún no tomaba clases en el colegio, sino solo balbuceaba notas sobre el diapasón, con unos dedos que siempre me parecieron tan cortos y torpes, tan débiles y sensibles. Obtenía heridas que ardían cada vez que me entusiasmaba y tocaba más de la cuenta. Y era tan feliz cuando recreaba el mismo sonido que oía provenir de una radio regalona que tenía, era feliz porque me sentía la mejor, porque era alguien capaz, porque veía el orgullo en los ojos de mi viejo.

Hoy he recordado a razón de la vida todo esto, y he escuchado una y otra vez el Adagio. Mi padre solía poner el disco en la radio antes de dormirme. Encendía la radio, ajustaba el volumen muy bajito, y me daba las buenas noches.

Hoy quisiera tenerlo aquí conmigo para compartir una vez más. Pero el tiempo, las heridas, los problemas, lo han alejado de mí. Solo espero que aún en la distancia, pueda recordar que la hija regalona tiene más de lo nunca pudo desear solo por guardar un recuerdo como este.


Entradas populares