Existir aún después del atropello interior.

Pese a los pésimos bosquejos de memoria que aún me quedan, que aún rasguñan desde dentro esperando que broten lágrimas escondidas. Pese a que las caricias falsas sobre un lomo azotado por hebillas sádicas aún guardan las marcas de un tiempo lleno de mentiras y juegos cambiantes, repleto de promesas en vilo y vidrios molidos soplados a los ojos.
Aún conservo la risa, la ingenuidad en los momentos más simples, la frialdad y análisis en los más complejos. Pero también se han preservado los recuerdos duros y sangrantes, las carreras nocturnas por una cobija y las llamadas de auxilio por voz en off.
Solo tengo un puñado de cicatrices, el resto debiera ser olvido.
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