Tal vez si lloro mucho esta noche, pueda cerrar una de las tantas llaves que hay en mí, 
esas que gotean y me entumen desde adentro.


 Tal vez si dejo de contar los minutos, el río de lágrimas se convierta en un lago apacible. 
Pero la lluvia que cae afuera es pacífica. La que dejo salir yo es convulsa, torrentosa. 


Tal vez, si sigo llorando, no logre más que una cara cansada y otra herida húmeda, 
que tardará en cicatrizar por estar rascándola compulsivamente. 



                        

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