Espero, no sé qué. Espero.

En el punto de siempre. Estoy allí. Sin inmiscuirme, por temor a volver a salir trasquilada. Sabiendo verdades que debo callar, por el bien de todos, por el qué dirán, por tantas idioteces que incumben a todo el mundo menos a mí. Silencio. El silencio que siempre tengo que mantener, por aparentar. ¿Qué pasa? Yo no he cambiado, no demasiado. Es el resto, son las miradas de quienes creía conocer. Ojos cínicos, vacíos, mentirosos. ¿Qué pasa? No siento la pena que sentía ayer, los celos de niña, las ganas de proteger. Quiero ser esa, la protegida. Por tanto tiempo esperé. Siento que no tengo sueños. Que puedo ser yo y volar tan sola y sin ayuda, que no necesito de nadie. Siento que no tengo lágrimas. No tengo pasado. Ni presente. Solo estoy aquí, en el mismo punto. En ese maldito punto donde nada puedo hacer más que esperar. Esperar. ¿Qué pasa? Ni siquiera estoy esperando a alguien. Ni siquiera tengo el valor de preguntar. Tengo lo que merezco. ¿Solo eso? Tal vez pienso, pienso como antes, no cambio. Tal vez quisiera sentir un abrazo sincero, hace tantos años que no obtengo uno. He olvidado cómo se siente. 

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