Y cuando la noche llegó, salí a contemplar ese mágico cielo del sur del que todos hablan. No puedo recordarlo.

Tenía el segundo cigarrillo de la noche cuando te acercaste a esa persona que estabas acogiendo y que en ese momento parecía sumida en algo que no era ella. Creo que no me miraste a la cara, yo siempre te vi, no debí hacerlo.

Qué desesperante no acordarme de todo lo que te dije.

Después solo sería una costumbre, pelear por el baño, fingir ante tu hermanastra, agradecer infinitamente a tu madre y no sin un cierto recelo a tu padrastro. Solo recuerdo una vez que me senté a la mesa con todos a tomar el té; quién sabe si recuerdo solo horas distantes de un mismo día y los demás se perdieron en mi memoria. Tal vez recuerdo lo más importante, como la noche que antes de meterme en la cama decidí salir un momento, y para entretenerte con algo mientras no estaba, te besé antes de cerrar la puerta. Cuando volví, querías asesinarme.

Trato de recolectar lo que recuerdo por si alguna vez mi memoria se vuelve a dañar; estoy segura que me acordaba de más cosas porque quería atesorar esos días.

Ah, sí, el día que conocí a Catalina. Recuerdo que tenía mucho frío, y me molestaba de sobremanera que solo conversaras con ella, por suerte no la ataqué como quise hacerlo.

Solo recuerdo estas cosas por el momento. Removeré mis neuronas dormidas, probablemente es lo único que me quede de ti, y en el fondo, muy dentro de mí, no quisiera perderte.

Comentarios

Entradas populares