Niña.
Ojalá pudieras entender, que los cuentos de princesas no son perfectamente rosas, ni repulsivamente macabros. Yo he pasado por tanto. Tú has pasado por otro tanto más...
En el momento de vernos, no estaba segura de quién era, y no he cambiado en lo absoluto. Aquí dentro sigue mi fragilidad, mis ganas de ser querida, mi malgastada autoestima y ya no puedo más. Cuando te vi, creí que iba a ser capaz. Que tenía alas, que los cuentos podrían teñirse de rosa aún cuando las raíces siguieran siendo negras. Mientras escribo, una lágrima burdeo y salada me entume la mejilla.
Ojalá algún día pudieras entender, que rechazo a tantas personas por ti, que he perdido la mitad de mi propia vida bajo tus deseos de princesa. Que olvidé, y me comí mi propio corazón por miedo a convertirme en una piedra. Las lágrimas se reproducen como un eco de tus sollozos.
Cuando soy imponente y golpeo a los hombres que se me acercan, no me creas, no soy así.
No he podido aceptarme desde que me hiciste ver que no era una niña. Querían que creciera, también lo quería yo, pero me arrepentí.
Cuando las cicatrices visibles dejaron de importarme, marqué mi cuerpo con otras. Y cuando éstas no me dolían más, me perdí. En algún lado debo haber puesto mi dolor, que no lo sentí por tanto tiempo. Todavía se escabulle bajo mi piel, cuando golpeo hombres por ahí, de verdad no me creas, no es porque ya no me duela; soy una niña.
Comentarios
Publicar un comentario