38 días.
Cuando una vida llega a tus manos, sientes la necesidad infinita de mantenerla y de darle todo lo que esté a tu alcance para que no se te vaya jamás. No a muchos les ha pasado. No sé cómo es la experiencia con personas, pero sé lo que es con animales, especialmente con mis gatos.
Soy amante declarada de los gatos, y no es un secreto para nadie que siempre quise tener muchos en mi casa, a pesar de estar en contra de todos. Cuando tuve la primera oportunidad de cuidar una pequeña bola de pelos que vino corriendo hasta aquí, no la pude cuidar, no le pude dar todo lo que hubiese querido darle, antes de que me diera cuenta la estaba perdiendo. Aún ahora lloro por ella, nunca había amado más a un animal de lo que amé a Michaela.
La vida ha sido dura con mis animales. El primer cachorro que tuve fue a los 9 años, y se me enfermó, lo sacrificaron cuando aún no cumplía 15 y lloré, lloré tanto que no podía detenerme por muchos días. Lo quería porque era el primer animalito que tuve. Porque era solitario y rabioso, y jamás me gruñó. No quise mirar cuando lo sacrificaban, pero lo escuché, y aún puedo escucharlo.
Y la primera gata que tuve fue la pequeña Michi.
Con ella aprendí lo que es ver nacer, sentí la maravilla de la vida, y estuvo conmigo en los momentos más difíciles. Cuando no tuve una sonrisa de parte de nadie, ella estaba ahí, y era rabiosa y solitaria también. Pero estaba ahí, ronroneando para mí. No me puedo perdonar haber regalado a sus hijitos sin saber a quién se los di.
Ayer murió mi Flaquita. La más pequeña de la nueva camada de la Gato, mi segunda hija. Por esas cosas de la naturaleza, la Gato rechazó a todos los pequeños y no pude salvarla de una rinotraqueitis que amenazaba a 5 de los 6. Hoy los tengo en tratamiento, no esperaré que se vayan de a poco. Y de nuevo siento que debí haber dado más, tal vez se hubiera salvado.
Aún lloro por ella, es que no puedo soportar ver seres tan indefensos luchar con sus diminutas fuerzas...
Aunque pase un día con un animal, es suficiente para que su vida cause algo en mí. Cuando era chica, entre otras cosas, quería ser veterinaria.
Aunque fueron 38 días, sé que le di todo mi amor y mis cuidados, aunque no fueran suficientes.
En esa clase de pérdidas, uno siempre siente que pudo haber hecho más, que algo se te tuvo que haber ocurrido para poder salvarla, pero así mismo como tu dices, es el misterio de la vida y la muerte. Te quiero mucho cabra gruñona y solitaria!... mucho mucho!
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