No quiero aceptar lo que sea. No consigo dormir tranquila ya por su causa. Más que causa, por sus efectos. ¿Es que no se puede vivir en completa paz? Hace tantos años que mi mente está repleta y saturada de escarmientos y necedades. Deseo ser una inconsciente. Tanto tiempo se pierde pensando, no debería permitirse pensar demasiado, estorban las ideas y ninguna se superpone a otra, al final todo queda flotando en la nada, en un espacio sin gravedad donde nada cae, nada golpea con la fuerza necesaria para remecerle a uno del letargo. Lo peor no son las causas. Ya están, ya son. Nada consigo queriendo olvidar, mucho menos pretendiendo que olvidé. La historia ha sido, y se tejió de una forma tan enredada que habría que romper los hilos de mi vida, cortarla, destruirla. Qué no daría yo por poder hacer algo con esta pila de recuerdos que sólo quebrantan mi tranquilidad. ¿Qué hacer con una obsesión? Seguirla ya es parte del curso de su existencia, si no la siguiera, no sería lo que es. Pero, ¿qué se hace cuando comienza a manipular la vida del obsesionado? Ya no se vive sin ella... nada es posible si no está debajo de su imperativa mano. Como una oveja, camino por los prados sabiendo que el lobo está tras los arbustos llamándome, y acudo a ese maldito llamado, aunque sé que me matará... no puedo detenerme...
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