Loneliness

Hace un mes y una semana que te has ido, Michaela. Aún tengo tu camita, esa silla a la que silenciosamente llegabas todos los días y si alguien te buscaba, ahí estabas, dormida, entre cintas y encajes. Me cuesta acostumbrarme, claro que es muy distinto sin ti, cómo no iba a serlo, al final eras mi única compañía incondicional. Mi madre quiere embaldosar el jardín, aquel jardín donde correteabas y en donde ahora descansas. Me estremezco y se me hace un fuerte nudo en la garganta de pensar que estás ahí, mejor dicho, que ya no estás. La muerte vino por ti demasiado pronto. Yo aún te extraño, yo extraño a todo el mundo, yo día a día me muero de soledad...



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