El día estaba caluroso y a mi madre se le ocurrió mandar a su hijo menor con unas cosas para su abuela. Ese día las sonrisas se despidieron nuevamente para dejar la situación igual o peor a como estaba.
Él, con su voz golpeada, barría el piso con mi hermano.
Esa fotografía que guardo en mi velador con las cartas a mi madre escritas por Fabián, las encontré dentro de una Biblia.
No creo ser una buena persona...guardo mucho rencor contra él.
''Todo va a empezar de nuevo...'', murmuró mi padre con su característica ironía.
Qué me importa?! Ni él ni nadie es capaz de defender su propio orgullo.
No descansaré, no podré vivir aquí en tranquilidad, hasta que el señor que ahora solitario vive en la casa de al lado, hasta que el ''respetable'' señor Juan, guarde sus palabras en su tumba.

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