In Memoriam.

Hace tres días cumplimos un mes.
Todos los días hablamos por teléfono. Es imposible que deje de extrañarle, es distinto de lo que extraño a un amigo, ni siquiera a un hermano... ¡Vaya uno a saber!
He pasado por tanto... por tanto... y realmente ahora es la única persona que me ha visto, que ha presenciado mi existencia vana y aquí en esta cuerda floja sin saber su destino, intentando volver a tener una vida normal.

Anoche estuve en un velorio. Hoy en su entierro.
El segundo aquí en este pueblo al que duramente he procurado asistir.
Miles de flores y rosas en memoria de su nombre acompañaron su despedida. Impecable, con su traje de voluntaria de las Damas de Rojo, yacía en paz dentro de un hermoso ataúd. Nunca aprecié la paz de tal forma, tan sobrecogedora.
No faltaron las caras cínicas y las lágrimas falsas... pero ya no importa.

He vivido tanto...
Sigo con ganas de escribir un libro, pero aún no me decido, tengo muchos proyectos mentalizados.

Mi cuarto brilla, con su blanco en lo alto y sus paredes teñidas del eterno color del cielo.

Creo que nadie creería absolutamente todo lo que hay dentro de mí, toda la carga que llevo y que olvido día tras día. Por eso aún no decido.

Será bueno hacerlo; sigo soñando, como las palabras de la hermosa Rocío me despertaron este jueves.

No puedo evitar, a la vez que mi alma se alimenta y me ilusiono, guardar lágrimas de dolor. Dos veces he despedido así... de repente... espero no hacerlo en un buen tiempo más... no sé si soportaría. En realidad si sé, y lo haría, pero no quiero... ni pensarlo.

La última vez que vi a don Sergio lo saludé fríamente con un movimiento de mi mano derecha y una sonrisa. Él dentro de su camioneta, tan enfermo, tan fuerte a la vez.
A doña Rosa, el mismo ademán, la misma sonrisa, ella con su cáncer por dentro, su vivacidad y su alegría eterna por fuera.

Es inevitable. Dolorosamente inevitable...

Pero intento no guardar más odio, ni buscar responsabilidades. La vida es así de hermosa, así de corta, así de dura, así, como la veo desde aquí. Es así, y no hay nada más que eso. Es.

He juntado muchas rosas en mi corazón.
Y el amor con la que cada una me va llenando es muy, muy agradable.

Ahora que veo la última rosa que adquirí, después de la blanca rosa que dejé morir sobre mi cama cuando partí, veo en ella mi propia vida, suave, viva, y tan sutil... me enternezco de sólo pensar que hay amor dentro de mí después de todo... ni siquiera pensarlo... mas sentirlo...



Tú sabes a quién me has traído. A quién me has arrebatado, de quiénes me has alejado y a quién en verdad pertenezco.

Comentarios

  1. Me gusta como estas ahora :), siempre tan tu pero con algo más de vida...
    Ojalá todo este bien por esos lados :P
    Un abrazo

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