Vuelvo al movimiento del blog. Con muchas cosas a cuestas.
Jueves, un día que por desgracia, recuerdo. No vale la pena mencionar lo que pasó, hay mucha gente involucrada, muchas cosas dichas y guardadas, muchas acciones maniobradas sin pensar en consecuencias. Mucha rabia con la que me quedé. Mucha pena y muchas lágrimas. Veinte pastillas y dos hojas de afeitar, más tres líneas sin tipografía definida en mi cuaderno. No dormí. Las pastillas y las hojas siguen en el cajón de mi velador.
Viernes, estaba citada a primera hora. Por dos segundos pensé en que yo no debería estar allí, probablemente jamás debí haber llegado a esa situación, permitirme llegar a tal punto era el extremo de algo a lo que no sé cómo llamar. Ya dentro de la consulta miré fijamente unas réplicas de cuadros, uno de Van Gogh, otro de Guayasamín. Y cada vez que trataba de explicar algo que él me preguntaba, miraba el suelo o cualquier otro punto de la consulta sin dejar de sollozar, no podía detenerlo. Dos veces intenté mirarlo a la cara. Daba lo mismo, en ningún momento sentí mentir o exagerar. Siento que fue la primera vez que me descargué sin pensar en que me podrían juzgar por alguna palabra u oración que pudiera malinterpretarse. Cada pregunta que me hacía iba a mis huesos, me hacía sentir inexplicablemente débil. Trataba de sacarlo todo, pero tenía tanto qué decir...
Estuve bien. Un 2. Me había sentido un 1 el día anterior.
Lunes. Nueva citación. Un 4. Sin embargo, las ideas de reventar mi cráneo contra el pavimento no bajan, y por primera vez me preocupa. Estoy confundida. Todavía no sé si quiero mejorarme. Según Danilo, es absolutamente parte de esto. Hay momentos del día en que no quiero estar así, pero la mayor parte del tiempo no me importa. Me dijo que ya no puedo hacer nada, aunque quiera. Nada, sin antes preguntarle a él. Siento que lo hago responsable si algo me pasa, pero eso está como dentro de una nube en mi mente.
Me dejó con Citalopram por una semana. No sé qué esperar. Siento que saldré corriendo en cualquier momento.
Pastillas, gritos, sangre, denuncias en carabineros, amenazas. Estoy cíclicamente colapsada. Lo único bueno en esta vida que tengo es que los cuatro gatitos de mi pequeña nacieron sanitos. Y... eso ni siquiera es mi vida, es la suya. D:
Jueves, un día que por desgracia, recuerdo. No vale la pena mencionar lo que pasó, hay mucha gente involucrada, muchas cosas dichas y guardadas, muchas acciones maniobradas sin pensar en consecuencias. Mucha rabia con la que me quedé. Mucha pena y muchas lágrimas. Veinte pastillas y dos hojas de afeitar, más tres líneas sin tipografía definida en mi cuaderno. No dormí. Las pastillas y las hojas siguen en el cajón de mi velador.
Viernes, estaba citada a primera hora. Por dos segundos pensé en que yo no debería estar allí, probablemente jamás debí haber llegado a esa situación, permitirme llegar a tal punto era el extremo de algo a lo que no sé cómo llamar. Ya dentro de la consulta miré fijamente unas réplicas de cuadros, uno de Van Gogh, otro de Guayasamín. Y cada vez que trataba de explicar algo que él me preguntaba, miraba el suelo o cualquier otro punto de la consulta sin dejar de sollozar, no podía detenerlo. Dos veces intenté mirarlo a la cara. Daba lo mismo, en ningún momento sentí mentir o exagerar. Siento que fue la primera vez que me descargué sin pensar en que me podrían juzgar por alguna palabra u oración que pudiera malinterpretarse. Cada pregunta que me hacía iba a mis huesos, me hacía sentir inexplicablemente débil. Trataba de sacarlo todo, pero tenía tanto qué decir...
Estuve bien. Un 2. Me había sentido un 1 el día anterior.
Lunes. Nueva citación. Un 4. Sin embargo, las ideas de reventar mi cráneo contra el pavimento no bajan, y por primera vez me preocupa. Estoy confundida. Todavía no sé si quiero mejorarme. Según Danilo, es absolutamente parte de esto. Hay momentos del día en que no quiero estar así, pero la mayor parte del tiempo no me importa. Me dijo que ya no puedo hacer nada, aunque quiera. Nada, sin antes preguntarle a él. Siento que lo hago responsable si algo me pasa, pero eso está como dentro de una nube en mi mente.
Me dejó con Citalopram por una semana. No sé qué esperar. Siento que saldré corriendo en cualquier momento.
Pastillas, gritos, sangre, denuncias en carabineros, amenazas. Estoy cíclicamente colapsada. Lo único bueno en esta vida que tengo es que los cuatro gatitos de mi pequeña nacieron sanitos. Y... eso ni siquiera es mi vida, es la suya. D:
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