Me costó. Me costó decidir con qué tema iba a partir la sesión de hoy, a pedido de mi interlocutor tenía que escoger yo. Podía hablar de lo que yo quisiera, de cualquier cosa que estuviese pensando en ese momento, de algo que quizás no le hubiese contado a nadie... Vacilé un buen rato antes de contestar. Pensé en un par de cosas, de inmediato, pero no estaba segura. Entonces él señaló nuevamente que no estaba ahí para escucharme y juzgarme o armarse una idea crítica de mi. Y lo solté.


Hablar de ella siempre me pone mal. Me escuchó y me vio quebrarme una y otra vez. Pero salí con sus percepciones siempre ciertas, aunque poco convencida de que lograré desvincularme de ella en estos momentos. Me sorprende ver que en realidad soy mucho más débil de lo que pensaba. Cuando salí había pasado una hora desde que entré, la gente me miraba impaciente y notarían mis ojos hinchados.


Tengo mucho en qué pensar...

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