Un problema de diseño.

No me acordaba que desarmar una gilette fuera tan demoroso. Es un arte el que hay que dominar para salvar exitosamente las hojas sin rebanarse los dedos. La última vez que partí una me demoré dos segundos, no me acuerdo qué marca era, debe haber sido una bien barata. La de hoy fue un desafío. La miré por todos lados, me deshice rápido del mango, pero el dilema estaba en el maldito diseñador que le pone seguros por todos lados. Estuve como 15 minutos tratando de partirla, hasta le metí tijera. Es muy fácil romper una, pero por lo general se doblan las hojas o se pica el filo y no sirve. Y las saqué, las piqué un poquito y las doblé a la mitad porque no podía despegar los seguros, pero las saqué. Ya para cuando las tenía en la mano, tan livianitas y frágiles, me reía sola y no había ánimo de usarlas. Así que las guardé, y mientras lo hacía me revisaba los dedos. Tuve que recortarme las uñas de los pulgares porque se habían abierto y me enganchaba las manos en la ropa, y ahora me doy cuenta que tengo varios dedos rebanados de la manera molestosa, esa donde sólo se abre la carne, no sale nada.

Éste, claro, no se salvó.
Maldito, maldito diseñador.

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