Basta.

Otra vez. Otra vez demuestras que nunca conocías a la persona con la que trataste de involucrarte.
Pero bueno, todos han demostrado lo mismo. Es como si recién se dieran cuenta, y como no les gustó lo que hay aquí, se marchan. Lo entiendo, yo haría lo mismo. Pero no me sigan contando en la lista entonces.

Siempre he tenido este sentimiento. De no saber realmente quién está a mi lado, de sentir la mentira en más de alguna oportunidad. El esconder cosas, tramar otras; la amistad se forja con transparencia y lo siento si he quebrantado este término, la distancia me hizo una persona autosuficiente en cuanto a los términos de amistad. Más cuidado he procurado con los que ya no veo, pues ya no sé lo que piensan, lo que dicen en realidad detrás de la pantalla. Yo no me junto con alguien por conveniencia. Y no soy una maldita máquina fabrica-detalles para mis amigos.

Ahora bien, hay bastantes que no caen en la categoría de amigos por múltiples razones. La principal es que, cuando están mal buscan, y cuando están bien, olvidan. (Esto corre para mí también, no digo que no.) Pero dentro de este grupo incluyo a la mayoría de los que sí deberían ser mis amigos pero no alcanzan a llegar al término entero. Diría, que no son la mayoría, sino todos.

Pero ¿para qué necesito esa gente?
Si no es para mandonearme, ni para criticarme (para eso tengo a mi mamá), si no es para pedir plata y no devolverla, si no es para joder con la moral que ni ellos se creen, si no es para molestar, ¿para qué?

La sinceridad duele, queridos amigos.

¿Resulté ser peor?

La verdad es que poco me importa lo que piensen de mí. No me importa, pero sí me saca de quicio cuando no se dicen las cosas, y se mandan vía indirecta.

Ya no importa, ya dejó de importarme, ya no más.

Comentarios

Entradas populares