Adiós.
He despertado con alaridos en el pasaje.
Sin mayores explicaciones, levanto mi somnolencia y recojo lo importante. Un par de minutos corren antes de enfrentar nuevamente otro momento en el hospital.
He visto los ojos antes vacíos de Rosa, ahora en un despliegue de fatalidad.
He oído llantos y gritos desgarradores ante los árboles que devuelven su eco.
Como un niño tiembla sin entender.
Como una mujer quiere ser niña y jugar nuevamente, creer que todo es mentira.
Un llanto que supera toda sensibilidad y la destroza.
El amargo sabor de la muerte.
El dulce viento de los recuerdos.
De repente, alguien ya no estará para recordarme que existen buenos hombres en el mundo.
Adiós, don Sergio, el abuelo que siempre quise tener.
Sin mayores explicaciones, levanto mi somnolencia y recojo lo importante. Un par de minutos corren antes de enfrentar nuevamente otro momento en el hospital.
He visto los ojos antes vacíos de Rosa, ahora en un despliegue de fatalidad.
He oído llantos y gritos desgarradores ante los árboles que devuelven su eco.
Como un niño tiembla sin entender.
Como una mujer quiere ser niña y jugar nuevamente, creer que todo es mentira.
Un llanto que supera toda sensibilidad y la destroza.
El amargo sabor de la muerte.
El dulce viento de los recuerdos.
De repente, alguien ya no estará para recordarme que existen buenos hombres en el mundo.
Adiós, don Sergio, el abuelo que siempre quise tener.
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