Pienso...pienso, sólo eso. Tengo qué hacer, pero no quiero. Estoy pensando.
Es así como ocurrieron las cosas, para bien, para mal, así pasó y ya está. Había estado por largo tiempo negándome a la posibilidad, a alejarme así de quienes yo más quería. Pero las prioridades -las mías al menos- van cambiando acorde a lo que me conviene. Suena cruel decirlo. Pero, ¿qué más se puede esperar de mi?
Reconozco que he desechado a gente que en realidad era valiosa para mi, la he barrido de mi lado sin aviso, y lo peor, sin siquiera despedirme del todo. Pura conveniencia. ¿En qué sentido? En el mío, claro.
Porque ya no tengo que pedirle un favor a nadie, de esos que acostumbran pedirse los amigos comunes y corrientes. Porque mis amigos van y vienen.
Podría ser mejor si me arrepintiese aunque fuera un poco de hacer esto...pero no sería verdad. Y el cinismo, creo, no va conmigo, no me sale.
Tomo, uso y dejo, es posible que se pueda decir de mi. Es posible que así sea.
Pero siempre es por la misma razón.
Todos vamos cambiando. Unos se ponen más maduros, otros disfrutan más la vida porque se dan cuenta que hay que aprovecharla, qué sé yo. Me siento una adulta metida en este cuerpo de mujer tratando con niños. Simplemente, no encajo con nadie en un cien por ciento. La amistad ha quedado desfasada para mi, y aunque no haya cortado los lazos porque en algún momento los sentí fuertes, creo...creo que no tardaré mucho en hacerlo.
El tiempo pasa para mi como para todos, pero hay días que me despierto con la sensación de que no conozco a nadie a mi alrededor, son todos tan extraños...tan ellos...
No niego que me la he pasado bien con esos ellos revoloteando, pero no dejan de asfixiarme y llega un punto en que me ahogan, y me alejo antes de que sea demasiado tarde. Mi carácter no coincide con el de nadie; cada día parezco más una extraña delante de todos y ellos parecen lo propio ante mi.
Pienso que es increíble que siendo tan joven me abrume pensando estas cosas, pero me tocó ser así. A alguien le tenia que tocar, no podíamos ser todos iguales.
Creo que no me hace bien en este sentido juntarme con personas tan frías como ella... pero qué bien que me cae, después de todo. Y si, la nombro en cada entrada y qué. Polos opuestos se atraen, dice algún idiota por ahí.
El egoísta Hiroki no necesita un amable, dulce y protector Nowaki.
Necesita un Ciel, antipático y caprichoso.
Así se mantienen ocupados, intentando sacarse una sonrisa el uno al otro.
Es así como ocurrieron las cosas, para bien, para mal, así pasó y ya está. Había estado por largo tiempo negándome a la posibilidad, a alejarme así de quienes yo más quería. Pero las prioridades -las mías al menos- van cambiando acorde a lo que me conviene. Suena cruel decirlo. Pero, ¿qué más se puede esperar de mi?
Reconozco que he desechado a gente que en realidad era valiosa para mi, la he barrido de mi lado sin aviso, y lo peor, sin siquiera despedirme del todo. Pura conveniencia. ¿En qué sentido? En el mío, claro.
Porque ya no tengo que pedirle un favor a nadie, de esos que acostumbran pedirse los amigos comunes y corrientes. Porque mis amigos van y vienen.
Podría ser mejor si me arrepintiese aunque fuera un poco de hacer esto...pero no sería verdad. Y el cinismo, creo, no va conmigo, no me sale.
Tomo, uso y dejo, es posible que se pueda decir de mi. Es posible que así sea.
Pero siempre es por la misma razón.
Todos vamos cambiando. Unos se ponen más maduros, otros disfrutan más la vida porque se dan cuenta que hay que aprovecharla, qué sé yo. Me siento una adulta metida en este cuerpo de mujer tratando con niños. Simplemente, no encajo con nadie en un cien por ciento. La amistad ha quedado desfasada para mi, y aunque no haya cortado los lazos porque en algún momento los sentí fuertes, creo...creo que no tardaré mucho en hacerlo.
El tiempo pasa para mi como para todos, pero hay días que me despierto con la sensación de que no conozco a nadie a mi alrededor, son todos tan extraños...tan ellos...
No niego que me la he pasado bien con esos ellos revoloteando, pero no dejan de asfixiarme y llega un punto en que me ahogan, y me alejo antes de que sea demasiado tarde. Mi carácter no coincide con el de nadie; cada día parezco más una extraña delante de todos y ellos parecen lo propio ante mi.
Pienso que es increíble que siendo tan joven me abrume pensando estas cosas, pero me tocó ser así. A alguien le tenia que tocar, no podíamos ser todos iguales.
Creo que no me hace bien en este sentido juntarme con personas tan frías como ella... pero qué bien que me cae, después de todo. Y si, la nombro en cada entrada y qué. Polos opuestos se atraen, dice algún idiota por ahí.
El egoísta Hiroki no necesita un amable, dulce y protector Nowaki.
Necesita un Ciel, antipático y caprichoso.
Así se mantienen ocupados, intentando sacarse una sonrisa el uno al otro.
Comentarios
Publicar un comentario