Estaba de verdad cómoda, más que cómoda durmiendo en la mañana. El sol se apareció entre las nubes y me ilumina hasta entrada la tarde. En ese momento me abrigaba de la fría mañana y miré la luz sobre mis brazos desnudos antes de alzar la vista hacia la puerta, donde estaba mi madre preguntándome algo que por mi repentino despertar, no entendí entonces, y no recuerdo ahora. Balbuceé una respuesta y me volví a acomodar entre las cálidas sábanas de mi cama, el lugar que más adoro en esta vida.
Cuando me levanté no tenía ganas de hacerlo, pero la conciencia del trabajo me lo pidió a gritos, así que accedí y a regañadientes me vestí y me hice el desayuno. Y no me acuerdo el orden en que empezaron a suceder las cosas, sé que llevo desde las 3 de la tarde frente a este aparato trabajando, que mi mente ya no da vueltas pero aún así siento mareos. Discutí un poco, odié un poco más. Sé que ya no puedo hacer nada contra ese sentimiento, nada para detenerlo. Aunque se han reducido mis ganas de hacerlo desaparecer, estoy más tranquila. En parte, porque no me lo he topado. Si lo hiciera, quizás las cosas serían completamente distintas, pero aún lo odio, quiero que desaparezca de mi mente al menos.
Me preocupa saber que las cosas no andan bien, y es un presentimiento que siempre tengo. Al final siempre se pasa todo, y nada nuevo me arruina lo que pienso, pero hasta el momento estoy sin embargo un tanto preocupada y quisiera llamarla para preguntar si todo va bien. Es posible que sólo sea mi imaginación, mi radiante imaginación que todo lo distorsiona y me hace sentir desdichada.
Me subió la presión con el café.
Me estresa ya la ventanita del msn saltando.
Me estoy convirtiendo en alguien horrible.
Pero es lo que soy.
Cuando me levanté no tenía ganas de hacerlo, pero la conciencia del trabajo me lo pidió a gritos, así que accedí y a regañadientes me vestí y me hice el desayuno. Y no me acuerdo el orden en que empezaron a suceder las cosas, sé que llevo desde las 3 de la tarde frente a este aparato trabajando, que mi mente ya no da vueltas pero aún así siento mareos. Discutí un poco, odié un poco más. Sé que ya no puedo hacer nada contra ese sentimiento, nada para detenerlo. Aunque se han reducido mis ganas de hacerlo desaparecer, estoy más tranquila. En parte, porque no me lo he topado. Si lo hiciera, quizás las cosas serían completamente distintas, pero aún lo odio, quiero que desaparezca de mi mente al menos.
Me preocupa saber que las cosas no andan bien, y es un presentimiento que siempre tengo. Al final siempre se pasa todo, y nada nuevo me arruina lo que pienso, pero hasta el momento estoy sin embargo un tanto preocupada y quisiera llamarla para preguntar si todo va bien. Es posible que sólo sea mi imaginación, mi radiante imaginación que todo lo distorsiona y me hace sentir desdichada.
Me subió la presión con el café.
Me estresa ya la ventanita del msn saltando.
Me estoy convirtiendo en alguien horrible.
Pero es lo que soy.
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