De esta manera.
Nunca me lo espero, siempre estoy tranquila y relajada contándote de mi vida, me pides detalles, no me lo espero y aún así te continúo preguntando y aunque tus respuestas son inexactas, son justamente lo que espero de ti. Nunca sé cuándo realmente estás de buen humor, quizás nunca y sólo sean pequeños tramos de tiempo en donde se te escapa una sonrisa que sé que ni siquiera es para mi o por mi. He conocido contigo lo que es el verdadero ignorar, el significado de una mísera palabra que puede decirme que me detenga o que por favor avance. Y así es como eres de incierta, que más allá me da miedo pasar. Porque no confío en tus palabras pues sé que en algún momento cuestionarás mi actuar como si fuese una falta en la lista de agravios que yo debería conocer y tener memorizada para contigo. No mentí cuando dije que tenía miedo y es así como me pagas, infringiéndome más miedo todavía. La gente es experta en hacerme sentir tonta, pero la vulnerabilidad que tú haces que sea parte de mi me agobia. Te conozco y me conoces, mas no puedo tocarte para que sepas que también estoy congelándome por no verte. Y duele, y duele tanto pero me dejas aquí victimizándome, tan patética como sabes verme. ¿Debería dejarlo? Sería cobarde y poco meritorio de mi parte; siendo que tengo el valor, no lo utilizo. De pronto es como si apagaran las luces y me quitaran la voz.
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