Como desde el miércoles en la tarde el dolor me acalambra los músculos, no quería hacer el esfuerzo y sacrificio de abandonar mi cama y caminar hasta la ducha, incluso eso me costó hacer. Llegué a la escuela más temprano de lo acostumbrado, caminé despacio y no me dio calor, a pesar de que arriba había sol. Pensé en lo extraño del tiempo, en esa bruma que no se va en todo el día, en el frío y en ese sol.



Saliendo de clases es cuando me entero de lo que no podemos conversar en la sala por razones obvias. Un papelito de vez en cuando no es lo mismo, no abarca todas las preguntas. Yo sabía que ella era un poco rara, por su actitud, un poco hasta por su vestir. No creí que por eso me tratara tan mal en travesía, no me saludase o simplemente en una conversación grupal, me ignorase. Vivía con eso. En realidad nunca me hice mayores expectativas, a mi tampoco me caía bien. Pero no sabía la verdad, y ahora si. ¿Qué cambia? Quizás la sensación de que soy gusto de bisexuales. Pero más allá, no me pasa nada por la cabeza. Ni tengo ganas de admitir lo que hago fuera del estudio.



Sé que contesté muy mal cuando sonó mi celular al salir de clases. Venía cansada y con la mente dispuesta a no hacerme más atados, pero no todo puede ser tan bueno. Y me enojé, de inmediato me salió lo antipática -creo que últimamente estoy muy antipática, por cierto, lo traigo a flor de piel- y por eso me cortaron en el teléfono. Y se me notó en la cara, hasta comencé a caminar más rápido. ''Pusiste cara de matona, ¿qué pasó?''...

...''se te salió lo Hiroki parece.''




El comentario me hizo sonreir después de todo. La Bego es, probablemente, mi mejor amiga de la U.

Comentarios

Entradas populares