L.F.


No sé quién eres, no sé quién serás. Sólo es que siento unas ganas infinitas de agradecer.

El cómo ríes, cómo se escucha tu voz en silencio. Cómo fingías abrazarme, callar mis gestos con los tuyos. Esto no es nada, somos dos personas nada más, somos dos enfermos, dos vacilantes de la vida, dos preguntas sin respuesta que se vinieron a topar cuando más oscuro está el cielo.

No quiero que seas mío, no quiero porque no lo siento. Pero si tengo ganas de agradecer. Y si te lo tengo que agradecer queriéndote, quizás me hagas dudar y lo haga, aunque esto nunca acabe bien, ni tenga sentido para ambos. Porque no somos almas buscando almas, somos cobardes buscando consuelo.

¿Por qué no me llamas y te ríes conmigo un rato? Tengo ganas de oir tu desalmada y vacía voz, de imaginar tus gestos, de pensar en lo mucho y en lo poco que tengo, en lo que te vas transformando y en lo que no quiero que te transformes.


¿Quién quiere algo a cambio? Si lo hacemos es porque está así estipulado, somos dos errantes cometiendo el mismo pecado...es un error tan grande, mas no importa porque sé que ya no te acordarás de mi, y yo me seguiré acordando de ti, aunque me aburra de tanto esperar que te rías conmigo una vez más.


¿Es esto algo que se podría transformar en una amistad? Partimos al revés, así que es posible que si. (¿Por qué demonios todos me llaman menos tú?) Es posible que terminemos peor a como estamos...


Pensándolo bien, agradezco ahora y me voy, me disuelvo en los mensajes que me envías con esas palabras que más daño me harán algún día futuro, me largo con mis anhelos a mi cuarto otra vez, a la oscuridad. Qué más da, no te quiero ni tú a mi. Somos dos sombras en la noche, al amanecer, casi desapareciendo a la luz.


Pero qué difícil se va a tornar si me vuelves a llamar. Maldición.


Comentarios

Entradas populares