Miedo.

Y ahora el miedo que le carcome las entrañas con este dolor, la sangre agolpada en las sienes y la fiebre que hace días oculta, igual que sus ojos hinchados por un dormir llorado y enrabiado.
Y es que si entre sus huesos se oculta vida, su propio cuerpo maltratado, tatuado de marcas de violencia y pasión desbordada, se encarga de eliminarla, con el dolor que eso implica: cada paso es un golpe digno de denunciarse.

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