Tiempo.
No quería abrir los ojos más.
Salí de mi oscura habitación y en el pasillo vi a mis hermanos y mi madre con sus negras vestimentas. Afuera, la llovizna y el frío nos acompañarían a despedir a don Sergio. Ninguna palabra me saldría ya para consolar los rostros pálidos de borradas sonrisas. Ni hicieron falta. Cada uno sabía qué abrazo era sincero, y qué presencia no.
La culpa de estas cosas la tiene el tiempo.
El remordimiento le impide comprender esto a mi abuelo. Y yo ya me he cansado de gritar. Todo lo que nos ha dado ha quedado en su puerta esta mañana. Nada de su cinismo nos hace falta.
Dos Sergio querría que lo recordásemos con alegría. No hay duda de que su corazón era más grande que el de ninguno de nosotros, sin rencores, sin enojos. Siempre con una sonrisa aunque el dolor lo estuviese acabando. Sin embargo, todo habría sido una ceremonia sincera, si la sombra de ese señor no se hubiese aparecido. La culpa del dolor de don Sergio, nunca, hubiese sido de mi madre.
He escuchado con atención el Padrenuestro en el cementerio.
Mas yo no puedo perdonar. No puedo.
Que Dios le ampare. Para mi, muchas personas han muerto en vida.
No voy a escuchar más que me digan que perdone y me olvide.
Ya no.
El tiempo terminó.
Salí de mi oscura habitación y en el pasillo vi a mis hermanos y mi madre con sus negras vestimentas. Afuera, la llovizna y el frío nos acompañarían a despedir a don Sergio. Ninguna palabra me saldría ya para consolar los rostros pálidos de borradas sonrisas. Ni hicieron falta. Cada uno sabía qué abrazo era sincero, y qué presencia no.
La culpa de estas cosas la tiene el tiempo.
El remordimiento le impide comprender esto a mi abuelo. Y yo ya me he cansado de gritar. Todo lo que nos ha dado ha quedado en su puerta esta mañana. Nada de su cinismo nos hace falta.
Dos Sergio querría que lo recordásemos con alegría. No hay duda de que su corazón era más grande que el de ninguno de nosotros, sin rencores, sin enojos. Siempre con una sonrisa aunque el dolor lo estuviese acabando. Sin embargo, todo habría sido una ceremonia sincera, si la sombra de ese señor no se hubiese aparecido. La culpa del dolor de don Sergio, nunca, hubiese sido de mi madre.
He escuchado con atención el Padrenuestro en el cementerio.
Mas yo no puedo perdonar. No puedo.
Que Dios le ampare. Para mi, muchas personas han muerto en vida.
No voy a escuchar más que me digan que perdone y me olvide.
Ya no.
El tiempo terminó.
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