Del llanto.
Ufffff. Qué manera de llorar al almuerzo, mG!...son cosas que pasan, siempre hay una hora distinta en donde todas las cosas que te pasan se juntan con las que le pasan a alguien más, y se lloran todas juntas, como si tu pena fuera la del otro, como si el dolor de ambos hubiese sido fundado bajo el mismo principio.
He comprendido algunas cosas durante ese momento de llanto, en las pausas para sollozar. He pensado en lo que me dicen, en lo que he dicho, en lo que dicen sentir por mi y lo que digo sentir por los demás. Hay mucho de verdad, y mucho de mentira en lo que he y me han hecho.
No he hablado con mi último pasatiempo, no he llorado con él en silencio.
Hay un lazo que me une muy fuerte a quien es mi madre. Es una de aquellas personas que si veo llorar, lloro con ella por el simple hecho de que si ella llora, lloro yo. Aunque no sepa el motivo, aunque no entienda la razón, aunque no me la explique o aunque me lo cuente todo, siempre voy a acompañar su llanto, sea en silencio, sea con palabras que pueda sentir que debo decirle.
No habían razones hoy para que nos acordáramos de tantas cosas, pero ella al final me entiende y me conoce, un poco más que yo. Yo no sabía que fuéramos tan distintas al fin y al cabo, que cuando ella tenía mi edad, nunca se le hubiese pasado por la cabeza todo lo que yo pienso, todo lo que me cuestiono, todo lo que hago.
Dicen que soy el cable a tierra, pero más que nada lo soy a veces por propia y mera necesidad. Porque requiero de bajar a la gente para darme cuenta de que las estoy bajando desde arriba yo también; que me las encontré en una nube y ambos debemos descender.
Y pienso. Siempre pienso mucho. Dicen que hace mal; yo no le veo más motivo a mi vida más que para pensarla y vivirla como pienso que es mejor. Pienso aún sin quererlo, pienso aún dormida.
El único motivo para que llore, es, y siempre será, por pensar las cosas demasiado, sin actuar a tiempo.
He comprendido algunas cosas durante ese momento de llanto, en las pausas para sollozar. He pensado en lo que me dicen, en lo que he dicho, en lo que dicen sentir por mi y lo que digo sentir por los demás. Hay mucho de verdad, y mucho de mentira en lo que he y me han hecho.
No he hablado con mi último pasatiempo, no he llorado con él en silencio.
Hay un lazo que me une muy fuerte a quien es mi madre. Es una de aquellas personas que si veo llorar, lloro con ella por el simple hecho de que si ella llora, lloro yo. Aunque no sepa el motivo, aunque no entienda la razón, aunque no me la explique o aunque me lo cuente todo, siempre voy a acompañar su llanto, sea en silencio, sea con palabras que pueda sentir que debo decirle.
No habían razones hoy para que nos acordáramos de tantas cosas, pero ella al final me entiende y me conoce, un poco más que yo. Yo no sabía que fuéramos tan distintas al fin y al cabo, que cuando ella tenía mi edad, nunca se le hubiese pasado por la cabeza todo lo que yo pienso, todo lo que me cuestiono, todo lo que hago.
Dicen que soy el cable a tierra, pero más que nada lo soy a veces por propia y mera necesidad. Porque requiero de bajar a la gente para darme cuenta de que las estoy bajando desde arriba yo también; que me las encontré en una nube y ambos debemos descender.
Y pienso. Siempre pienso mucho. Dicen que hace mal; yo no le veo más motivo a mi vida más que para pensarla y vivirla como pienso que es mejor. Pienso aún sin quererlo, pienso aún dormida.
El único motivo para que llore, es, y siempre será, por pensar las cosas demasiado, sin actuar a tiempo.
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